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Algo peor que escuchar este disco, es reseñarlo en vez del disco de Regina Spektor. La mala espina tenía una justificación de peso: ¡Son 23 canciones! Pero apenas comienza la breve “Yo George” [Bush pues, ¿quién más?], varias cosas son notorias. Primero, el piano de Tori Amos ya perdió peso. Luego, se le nota mucho más agresiva, al menos más que su anterior The Beekeeper [2005] que sufrió muchas críticas lapidarias apenas llegó a las tiendas. Pero por sobre todo esto, American Doll Posse es tal vez la epítome del desdoblamiento que suele abordar a Amos en cada entrega. Recordar sino Strange Little Girls, aquel disco repleto de covers que editara hace 7 años, con una particularidad peculiar: todos le pertenecían a voces masculinas [incluido "Raining Blood" de Slayer]. Si en casi todos sus discos previos siempre asumía un alter-ego, aquí le da espacio a 4, ¡¡cuatro!! personalidades: Isabel, Clyde, Pip y Santa, además de ella misma, Tori como tal, quien según los créditos registrados en el disco, solo canta 5 de los 23 temas. El resto es de las 4 susodichas, blogueras todas ellas. Tal sesudo concepto tal vez haga que te distraigas de escuchar las muchas canciones que trae el cd. El atractivo y controversia que ha generado este disco en el país de la cantautora va, como podía suponerse, tras esa mención directa en el track 1, por el lado lírico, criticando [¿recién?, ¿no que nunca es tarde?] la política del baboso Bush junior. Pero más allá de aquellos reclamos, anacrónicos o no, también hay alusión directa a la mujer, a sus problemas, a sus avatares. El ser mujer en los tiempos de hoy. Y esta nueva veta áspera de Amos debo decir que si bien no me sorprende [del todo], sí que me agrada. No sé qué tan honesta sea, en el fondo, pero si antes no me disgustó, no me provoca hacerle problemas ahora. Menos cuando ahora sí parece reconocer abiertamente la gran influencia que Kate Bush [no, no es hermana del presidente] ha tenido sobre ella. Empero, se da su tiempo para regalarnos temas bonitos, como los de antaño, siendo “Bouncing Off Clouds” y “Gilr Disappearing” un buen ejemplo de aquellos, con emotivas secciones de cuerdas, y su piano sonando tan delicado como su voz. Lindura que un poco desdibuja al tildarse de MILF [acrónimo de "Mother I'd Like to Fuck", mamá que me quisiera tirar] en “Big Wheel”, por lo que incluso ha sido baneada en alguna que otra radio. Después de 9 discos, Tori Amos recupera el lugar que había perdido, y con justa razón, pues otros ejercicios estilísticos, que de una u otra manera bebían de sus mismos referentes, ya la habían superado. Por último, un álbum es interesante no por las “personas” que lo compongan, sino porque las canciones que lo conforman son buenas. Al fin y al cabo he de aceptar que, después de todo, este nuevo disco ha significado para ella algo más que ponerse pelucas de colores y disfraces disparatados. Al menos, le creo más que a Fiona Apple. Y no menos que a Courtney Love. Las cosas como son.













