Claro que sabemos perder. Más cuando tenemos en cuenta que a veces cambiar también significa perder. Y todos nos sometemos a esos lastres. Pero nadie con tanto estilo como Jarvis Cocker y sus compinches. Aquellos días en donde el optimismo britpop parecía más fulgurante que nunca tuvieron su eclipse el día que este quinteto de Sheffield decidió cantar sobre cosas más oscuras, depresivas y menos llamativas. El resultado es este disco que definió el curso de muchos melómanos, como el autor de estas líneas [amigo de banda, ni más ni menos], y por qué no, nos hizo sentir bien de ser diferentes. Todo un triunfo, qué ironía, de la honestidad sobre la pose en el pop. Como para sonreír aun 10 años después.

::pulp
::this.is.hardcore
::island
En los noventas no la pasé muy bien. Era demasiado flaco [todo el tiempo me querían hacer exámenes médicos], un poco tímido [aunque eso no ha variado mucho en la actualidad], las clases no me gustaban y las aprobaba a duras penas [emm, eso tampoco ha cambiado] pero, lo que más me pesaba, era la música: la que oían mis amigos, que pasaban en la radio y en la tele [Canal 33 por sobre todas las cosas], ya que ésta no sólo no me gustaba sino la detestaba con toda la poca fuerza que pudiera tener. Por eso me refugiaba en bandas de otras décadas, con otro sonido, otras letras y mundos distintos a los que toda esa mancha de haraposos de Seattle me solía ofrecer [a esa edad y en esa época, sin internet ni nada, era un poco más difícil encontrar cosas distintas]. Una noche, regresando a mi casa después de alguno de los tantos quinceañeros a los que iba, encendí la tele y en MTV, que aún tenía algo qué ver con la música en ese entonces, pasaron un video en el cual un flaco vestido de las mil maravillas caminaba, con un perfil entre dandy y perdedor, en medio de una tira de rubias con plumas y abanicos mientras entonaba una canción en extremo intensa, con impactantes arreglos orquestales y con un título que se escapaba por donde se le mirara. Algo en mí cambió para siempre desde ese entonces: ya no estaba solo.
Se dice que Jarvis Cocker se la pasó deprimido y rodeado de botellas mientras compuso y grabó este disco. Las razones parecen ser muchas: el agotamiento después del éxito mundial de Different Class [su disco anterior], su cumpleaños número 33 y el peso emocional que supuso haber perdido contacto con su padre desde que éste lo abandonara cuando aún era un niño. Sumado a esto, la banda sentía que ya habían dicho lo que querían decir, habían sonado como querían sonar y, sin duda, el éxito que trajo consigo Different Class los puso en una posición complicada dentro de la banda. Como ellos mismos lo manifestaron en su momento, hubiera sido fácil repetir la fórmula y seguir haciendo canciones como Disco 2000 o Common People asegurándose algo de dinero y fama por algún tiempo más pero no había lugar, ni en sus cabezas ni en sus instrumentos, para hacer algo así. En lugar de esto, motivado en parte por la salida del guitarrista Russell Senior, los Pulp nos presentaron un disco oscuro, perturbador y que nos dejaba con muchas preguntas sin responder, con un nudo en la garganta después de haberlo oído de un tirón [lo cual ya era un poco difícil de lograr] y que presentaba algunos de los tópicos más oscuros que se puedan presentar dentro de una canción pop: el glamour secreto de la pornografía, el temor a envejecer y los miles de traumas internos que todos tenemos y que, así pasen los años maldita sea, siguen ahí. Al oír el disco te daban ganas de embriagarte, fumar de más, llamar a la persona que te atormentaba para gritarle lo que sea, encerrarte en tu cuarto y recordar todos aquellos momentos en los cuales el mundo se las ingenió para no permitirte ser feliz. Era obvio que el disco no iba a ser un éxito de ventas.
::this.is.hardcore
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Me imagino la cara que deben haber puesto los de la disquera [Island] al oírlo. Después de todo, se había invertido una buena suma de dinero en su grabación y el público estaba ansioso por oír algo nuevo de los de Sheffield ya que había pasado más de un año sin que llegaran a editar material nuevo. Como resignado a la derrota comercial que les esperaba, Jarvis Cocker fue el primero en meter palo a algunas canciones del disco y en saber muy bien que no iban a tener una buena aceptación en el público como sí la tuvo su disco anterior. El resto de integrantes también se sumaría a la linchada, antes, durante y después de su edición e incluso yo también tengo un par que habría dejado afuera ["I'm A Man" y "Seductive Barry", si les interesa]. Sin duda, estábamos frente a un disco confuso y que nos podía llevar del cielo al infierno en cuestión de unos pocos minutos; después de todo, los hechos que motivaron hacer canciones así requerían tener altibajos de ese tipo, como la vida misma, ni más ni menos.
Al disco, en realidad, tan mal no le fue. Llegó a ser Nº 1 en la rica UK y trajo consigo una seguidilla de buenos conciertos, singles y videos que, al parecer, terminaron por curar a los demonios internos con los que Cocker luchaba en esas canciones. Muchos de nosotros, en ese entonces e incluso ahora, nos sentimos maravillados por lo que se puede llegar a escuchar en este disco: el inicio lleno de vértigo que provocaba “The Fear” apenas le ponías play a tu radio [o tu ipod ahora, bah], la ternura de la rutina mundana que “Dishes” hacía notar, el desencanto por tanta fiesta, tanto alcohol y tantos otros excesos de los que se hablaba en “Party Hard”, esa patada a los testículos que significa “This Is Hardcore, la visión cinematográfica de la vida que da “Tv Movie” [algo que Cocker ya había hecho antes con "Happy Endings"], el quedarte sin aliento cada vez que llegas a oír “Silvia” y el final con “The Day After The Revolution” en el cual el mismo Jarvis se despide de ti y te agradece por haber soportado junto a él tantas de estas canciones.
Aun así, el disco fue considerado un fracaso en ventas y, en parte, eso motivó a la banda en tomar una dirección distinta para su siguiente disco [el optimista We Love Life, que con un ánimo alegre y buenas canciones llegó a vender incluso menos]. Sin embargo, 10 años después y aún cargando muchas de las paltas de ese entonces, This Is Hardcore permanece ahí como un fiel compañero de batalla cada vez que nos sintamos un poco más inútiles y distanciados de un mundo que nos impone una determinada forma de vida para considerar qué es lo correcto y qué no, quién gana y quién pierde. De gente que aún no conoce el placer de disfrutar la caída, saborear la derrota y divertirse con ella; después de todo, una vez que estás ahí abajo no hay otra cosa mejor qué hacer. Pregúntale a Jarvis, tal vez ahora lo niegue pero de hecho se va a sonrojar.
::the.fear.[en.vivo.@.jools.holland]
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::fue.un.buen.perdedor_víctor.hugo.vargas