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¡Soy Tu Fan! :: A 10 años de deserción

Cuando empiezas a escuchar a una banda, comienza una relación tan intensa que te hace pensar cómo sería tu vida si no los hubieras conocido, y te aventuras en imaginar cómo será cuando saquen su próximo disco. Dejemos que Mónica Delgado, amiga cinéfila, se despercuda del azufre de las Páginas del Diario de Satán [blog de cine monitoreado por Ricardo Bedoya] para que, amparada de referencias cinemeras [como no podía ser de otra forma, tratándose de un disco tan evocativo], nos relate cómo fue el comienzo de una bonita amistad…

Canciones sobre hoyos, diosas y pájaros

::mercury.rev
::deserter’s.songs
::v2.records

Time, all the long red lines, that take control, of all the smoke-like streams that flow into your dreams, that big blue open sea, that can’t be crossed, that can’t be climbed, just born between, oh the two white lines, distant gods and faded signs, of all those blinking lites, you had to pick the one tonigh…“.

Con esa frase empezó hace más de seis años mi relación con los Mercury Rev. Discúlpenme si la estrofa anterior de “Holes”, el tema que abre Deserter’s Songs [1998] les parece larga, pero me resulta imposible cortarla al tratar de evocar el primer contacto que tuve con este grupo de Buffalo. El impacto no sólo tenía que ver con el uso de ciertos sonidos parecidos al theremin [inclusive tenía mis dudas de si era "verdadero" o "falso"] y de cómo se insertaba entre las estrofas, del falsete del Donahue, de la trompeta que no me sonaba para nada impostada, sino también porque provocaba la llegada de las imágenes que tenían la velocidad de la nubes.

Creo que tuve suerte de escucharlos por primera vez en esta su obra maestra: Once canciones del desertor, que a pesar del término del uso militar, el personaje anónimo que hace mención el título del disco, me sabía a renuncia de algo pero no de todo. Y los Mercury Rev como desertores abandonarían un estilo psicodélico para recuperar todo un universo sonoro que no evita lo anacrónico, la reconciliación con la tradición más modosa de los Estados Unidos de los años cuarenta, que no temía usar el carillón, los coros típicos de los musicales de los sueños americanos de Hollywood, la nostalgia del theremin a la manera del cine de serie B, o de recrear oscuras canciones de cuna o épicas de la cotidianeidad. En este Deserter’s songs la guitarra acústica se desenvuelve tranquila junto a un coro de musas salidas de algún filme de Busby Berkeley [aquel de las coreografías perfectas en la década del treinta], los pianos eléctricos se acoplan a las flautas y clavicordios, la eterna dicotomía de lo tradicional y lo nuevo tiene una forma más de interacción.

Si el inicio con “Holes” los Mercury Rev proponen ya de golpe un espacio sonoro determinado, con “Tonite It Shows”, con la estupenda “Endlessy” [la mejor del disco, para mí por supuesto] y con la instrumental “I Collect Coins” [en la que no abandonan el espíritu original del grupo, que hacía bandas sonoras para filmes experimentales], extienden un panorama de instrumentos que para algunos pueden resultar demodé, que buscan vencer a la vigilia, inclusive tratando de imitar las deficiencias de un fonógrafo.

Con el tema “Opus 40″ y la impecable “Hudson Line” ["gonna leave the city, gonna hop a train tonight, gotta one-way ticket and the moon is shining bright, gonna leave the city, gonna catch the Hudson Line 'cause you know I love the city but I haven't got the time"] acometen una nueva deserción, volviendo a sus motivos pop. Un nuevo climax aparece con “Goddess On A Hiway” ["When I see your eyes arrive they explode like two bugs on glass"] y es cuando el espíritu de lo anacrónico de la primera parte [que te sabe a imágenes en sepia] vuelve pero en otra perspectiva, pero para colarse entre su nueva concepción del “ruidismo” [que era más notoria en sus anteriores trabajos]. Y bueno la voz de Donahue deformada y entrecortada en “The Funny Bird” es casi un epílogo perfecto, digo casi porque de allí siguen “Pick Up If You’re There” [con más de su melotrón nostálgico] y “Delta Sun Bottleneck Stomp”, que de alguna manera rompe o sella de modo diferente el disco para volver a la dicotomía inicial pero más evidente, como el cierre final de un espectáculo de varieté.

Por ahora estoy a la expectativa de los dos discos que lanzarán en setiembre: Snowflake Midnight y Strange Attractor. Por lo menos tengo la convicción, tras escuchar All Is Dream y The Secret Migration que no será más de lo mismo.

::goddess.in.a.hiway

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