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La Buena Vida - Vidania

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Con un título alusivo a un pueblo de Gipuzcoa, Vidania es el séptimo disco del combo donostiarra, continuación perfecta de su anterior Álbum (2003). Un sonido simple, melódico y que mantiene esa veta sensible que se espera de cada entrega del quinteto de San Sebastián. Sin superar la valla que significó en 1997 aquel inconmesurable Soidemersol [no sólo para ellos sino para todo el pop (en) español], en este nuevo CD se escucha alguna que otra sorpresa en la ejecución de los temas, así como un mayor balance en la interpretación de los mismos. No te preocupes, la voz arrulladora de Irantzu Valencia canta con la misma intensidad y sensibilidad cada uno de los temas que le corresponden. Una voz lánguida, cuasi etérea, desprotegida, pero cálida y cercana, esas voces que te enamoran, que no puedes dejar de escuchar, y con la que quieres que te canten todas tus canciones favoritas. Si tu acercamiento al pop europeo de los últimos años curtió tus oídos con grupos en la onda de Belle & Sebastian o Camera Obscura, la paleta de sonidos y sensaciones que provocará en ti LBV, y en buena cuenta, todo el donosti pop [menos esa mierda que sabe ser La Oreja De Van Gogh], los hará convertirse en tus favoritos y saldrás en busca del resto de cd’s y demás grupos. Con respecto a éste, tras las primeras escuchas, siento que no es un disco de himnos a la melancolía y el desasosiego como “Carusso”, “A Mitad Del Camino”, “Qué Nos Va A Pasar” o “Un Actor Mejicano”, pero el single “La Mitad De Nuestras Vidas” podría hacer méritos a futuro para tal consideración. 17 años después de su primer lanzamiento, La Buena Vida podrá sonar todo lo melancólico que desees, pero no podrás negar que hoy más que nunca tienen muchas ganas de vivir. Obladi oblada.

La Música que escuchan todos Yo NO la escucho

Mis gustos son buenos. De plano. O sea, definitivamente son buenos.

No es conchudez; es certeza.
No es soberbia; es seguridad.

Sí, mis patas [y no porque sean mis patas] están de acuerdo [ok, sí que hay alguien por ahí que no -y nunca lo va a estar-, pero lo mismo puedo decir de los suyos, con ciertas aficiones deleznables].

Y he de resaltar: somos patas, porque tenemos buenos gustos. No hay otra razón. Ni la habrá.

Si hay un medidor del gusto musical, ése es el P2P: “Dime qué te bajas, te diré si serás mi pata“. Conmigo no lo mereces: conmigo lo eres. O no. Vamos, que no es que debes ser predestinado. Debes ser consecuente. ¿Creciste escuchando a Yola? pues bien, ya eres mayor, el mundo es una mierda, las mujeres unas alimañas, y la vida te paga para sobrevivir, y con ese poco, tomas para olvidar. Resultado: escuchas Tindersitcks. Ergo, ERES mi pata.

[Claro, vas a contradecirme, y decirme que sin los Beatles la música no sería lo que es, que Morrissey es la epítome del sentimiento pop, y que después de Cobain ya no hay más que agregarle al rock. Yo te voy a poner un disco de Explosions In The Sky para hacerte sentir mal por ser tan categórico cuando no debes -me pasa, a veces, que cuando los escucho siento que si la música no hubiera existido en los siglos anteriores, este grupo sería algo así como Adán, musicalmente hablando. Sí, exagero, pero apuesto que ya te causó curiosidad el grupo, ¿no?].

Escuchar la música que no escucha el resto de tus patas no es un plus. Es una obligación moral. Llegará el momento en que lo sentirás fluir en tu interior y verás cómo aflora, en aquel sublime momento de afirmación: “MI música es mejor que la tuya“. Porque donde otr@s escuchan La Oreja de Van Gogh, tú te enganchas a Le Mans [digamos porque ya escuchaste todo de La Buena Vida, y buscas más]; donde ell@s celebran un disco de La Ley, tú cuidas tus tickets de los conciertos que fuiste de Lucybell; donde el resto [de infelices] se llena la boca de epítetos [que juraría que no saben qué significan, pero los repiten para quedar como "entendidos"] para describir lo último de Fito Páez [¡puaj!], tú te revientas los oídos con lo nuevo de Entre Ríos.

La música que escuchan todos Yo NO la escucho

Y eso nos vuelve superiores. Precisamente, porque discernimos. Porque no acumulamos: Coleccionamos. Porque escuchamos para afirmarnos, no para resaltar petulantemente. No usamos nuestros cd’s como un polo Benetton. No usamos el discman como un Swatch. Conociendo, somos mejores. Porque nos decantamos. Marcamos nuestra ruta, abrimos nuestras brechas, y nos expandemos.

Mi música es mejor, porque es mía, y porque Yo mismo la conocí.

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