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¿Qué te vuelve un acólito sin cuestionamientos? ¿Qué te hace seleccionar una canción por sobre el puñado que incluye un disco y escucharla una y otra y otra vez sin saciarte? ¿Qué te hace convencerte de que ese disco vale más que el resto que abrigas en tu colección? ¿Qué poder tiene una voz, un rostro, una persona para embrujarte y no olvidarla en buen tiempo? Qué más sino los conjuros de Victoria Legrand. Acaso si hubiera algo más representativo de la devoción que el hecho de compartir un instante de tu ser, tal vez este disco de Beach House pasaría desapercibido. Porque con Devotion, necesitas eso: ceñirte al exclusivo acto de escuchar. Abandonarte a la instrumentación sombría [y lúgubre por momentos] de la guitarra y teclados Alex Scally para que la voz de la hermosa Victoria [y alguno que otro teclado más] se desate en plegarias fieles al freak folk que bebe de la tradición de Spacemen 3 y se nutre de los landscapes de Baltimore, Maryland [casa de John Waters]. El dúo desata un pop noise de lujo con matices del surf y garage rock sesentero, poblado de órganos y pandereta, voces agudas y ambientes que remiten a la vista del horizonte en un atardecer de verano en otoño. Para graficar mejor el summum de su disco, Scally y Legrand hacen un uso extensivo de los teclados: en Devotion registran el uso de 6 [¡!] órganos diferentes. Esto se explica teniendo en cuenta la perfecta amalgama que hay entre los teclados y la particular voz de Legrand, cuyo resultado solo provocará que tu espíritu genuinamente salga de ti en búsqueda de la suya. Además, si algo denota genuina devoción, es el hecho de tomar cada palabra como una solicitud presta a cometerse: escuchar proferir a Victoria en “Wedding Bells”, “Your wish is my command“, tan seductora y obsesiva a la vez, es lo más similar a embelezarse con un canto de sirena; “By the dark of the park, Turtle Island / I can keep you right behind me all my days in the sun“, nos canta en “Turtle Island”, y queremos que cumpla cada una de sus palabras. Nótese además, si vale la anécdota, la profunda fascinación que tiene el dúo por el vinilo, así que lo más prudente, de alcanzarte las fichas, es conseguir la edición de doble LP. Con un estilo más lánguido y minimalista que el de Mazzy Star, van a calar tu alma al finalizar esa gema pop noir/noise rock llamada “Astronaut”. Que el mundo los escuche, que el planeta entero los siga, que hasta la galaxia más recóndita los acompañe en sus travesías sónicas. Beach House merecen más.
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