Manzarock, su staff en pleno, anuncia con modestia la publicación de los discos y canciones y demás, que más nos gustaron este año que ya va acabando.
Aparte de postear, hay algo que no hago bastante tiempo [también por culpa de la chamba]: jugar. No me refiero exactamente a la práctica de un deporte. Hablo del acto huevero de dedicarse a alguna actividad lúdica, cualquiera que esta sea, sin ningún objetivo que no sea divertirse sin más ni menos pretensiones que ésa. Incluso el hecho de aproximarme a la música llegó a variar en mí: lo hacía casi por obligación, la de escuchar algo con el afán de escribir al respecto, ya ni tanto para disfrutar del hecho de oír un disco [más allá del veredicto final que obtenga luego de escucharlo]. Pero claro, a veces ciertas bandas te devuelven ese aura desprejuiciada y mataperrera que muchas veces necesitas en la música que escuchas. The Go! Team sirvió de perfecto ejemplo en el 2004. Thunder, Lightning, Strike significó para quien esto escribe momentos de frescura y solaz desde el mismo instante en que le di play al reproductor. Sentí que mi corazón envejecido rejuvenecía. Me sentí alegre, vivaz, despreocupado, y sobre todo, renovado. Eso me pasó con el sexteto de Brighton luego de disfrutar un tema tan grandioso como “Junior Kickstart”, tal vez una de las canciones más espectaculares de esta década. Poseedora de una vitalidad apabullante, al igual que el resto de temas de su disco debut, bien sirvieron para esperarles un nuevo parto. Y aunque el resultado de Proof Of Youth no haya sido igual de contundente, bien sirve para darles el visto bueno. Esa mezcla palomilla de funk, bubblegum pop, y samples-para-bailarlos se mantiene, sazonado con referentes ineludibles como hip-hop ochentero [incluyendo la colaboración del celebérrimo Chuck D en el tema "Flashlight Flight"], además de particularidades interpretativas [tanto voz y música] sacadas de cánticos de porristas, y cómo no, soundtracks de dibujos animados. Igual que en el debut, aquí en Proof… desde el arranque la tienes clara. “Grip Like A Vice”, que ya se había dejado escuchar previamente en el EP autotitulado [favor escuchar su cover de "Bullet In The Heather" de Sonic Youth -"qué cague de risa", puigross dixit-], es síntoma de poco o nada ha cambiado, al menos en esencia. Y a pesar de que tiene algunos tracks con tratamientos impensados [como la acústica "My World" o la balada pop "I Never Needed It Now So Much", cantada por Solex], lo festivo, lo celebratorio, lo epicúreo es lo que prima: “Doing It Right”, “The Wrath Of Marcie”, “Universal Speech”, “Fake ID”, “Keys To The City” [estas 2 últimas deberÃan estar en el repertorio de cualquier rutina de equipo de cheerleaders], y mi favorita “Titanic Vandalism”, arman este nuevo disco de The Go! Team, que ya no es para la barra brava en la final del campeonato; es para el tono de celebración. Es para saltarlo, cantarlo, gritarlo, bailarlo, vibrar con él. Que no importe el resto. Déjate vivir tu vida. Sé joven. Vive hoy.
::the.wrath.of.marcie
::puigross.sentencia_
uhmmmmm
no me pego
como el primero
le bajo el dedo
aunque la zambita
tenga un culazo
no se salva
a la olla!!!!!!
Voces, guitarras y secuencias, pero sobre todo éstas últimas
El viernes último, con una Lima presa de la fiebre “sodastérea”, ocurrió un hecho inusitado: Cuatro presentaciones en una sola noche, tres de las cuales eran del exterior: Resplandor de Perú; Elika de y Project Skyward de EEUU; Ulrich Schnauss de Alemania. Motivo más que suficiente para asistir, y más aún si te enganchaste a la música después de degustar las guitarras abstractas y el sonido agridulce de aquel disco que hoy en día va en camino de volverse un paradigma a seguir [por si ya no lo es]: El querido y tantas veces escuchado Loveless.
En cuanto a lo que no tiene que ver con la música [y que en aras de mejorar, debiera ser comentado todas las veces] lo de siempre: las puertas abrieron una hora después de lo pactado; las bandas arrancaron dos horas más tarde de lo que tenías pensado [y eso que fui poco optimista]; en conclusión, si las cosas esa semana no te habían resultado, pues todo se confabulaba para que siguieras recordando, cuando lo único que pretendías era oír a esas cuatro bandas y envolverte en sus preciosas capas de sonido, y es que al menos, lo que habías oído antes, te hacía predecir que así sucedería.
Una y tanto de la mañana, Resplandor arrancó. Presentación sobria [como a las que ya nos tiene acostumbrados, no sé si para bien o para mal] sin sobresaltos ni altibajos, las canciones de siempre; y si hubiera algo que destacar fue la fuerza inesperada que hizo presa del tema “Luna” [nº 3 del ensoñador Ambar], pocas veces tocado, y uno de mis favoritos [quizás por eso la mención].
Personalmente, el momento más esperado, Elika hizo su aparición. Unos platillos, un teclado, guitarra y una laptop. Chico y chica. Todo hacía predecir que sería una presentación exquisita. Arrancaron shoegazing, terminaron muy electrónicos. Cuando la vocalista adquiría protagonismo, el tema era perfecto, cuando el guitarrista hacía ademanes de estar tocando, realmente sentías bronca, cualquiera pudo haber estado ahí, llegas a pensar. En fin, las secuencias no tendrían que serlo todo.
Sigamos. La sorpresa de la noche, Project Skyward y su shoegazing/trance, eso al menos en primera impresión, y es que realmente no fue así. Dejaron atónitos a más de uno. Dos tipos emulando a sus héroes, uno queriendo parecerse a Kevin Shields, el otro tratando de ser Ian Curtis. Guitarra, bajo y laptop. Cabello shoegazing, y lentes post punk. Fórmula poco habitual, sonido genial; y es que era una mezcla envolvente, extraña pero prendedora. Si había que hacer alguna comparación, era como si el Seventeen Seconds [The Cure] se hubiera fusionado con el XTRMNTR [Primal Scream], y tuviese como vocalista al escocés que hoy en día es el padre de todo esto.
Finalmente, la estrella de la noche, el más esperado, Ulrich Schnauss. Sentado y bastante concentrado, sonidos complejos. Se conectó solo, solo con sus secuencias y cajas de ritmos. Sonidos bonitos, minuciosamente elaborados; carencia de vida. Realmente debió haberse guardado para lo del sábado, de acuerdo al programa, el sonido habría caído mejor.
En líneas generales, fue una buena noche, pero actos anteriores (llámese Mahogany y Airiel) nos obligan a pensar que pudo ser mejor. Considero que muchos tuvieron esa impresión.
Conocía Ciëlo buscando a Ladytron y congéneres, allá por el 2003. Ávido del sonido techno/gothic/pop [llá¡mese Electroclash, y agréguese fashion], que me permitiera bailar sin parecer idiota, ni tampoco parroquiano del fenecido Bauhaus [es decir, de más de veinticinco]. Fue así que caí en cuenta de la existencia de dos peruanos que hacían música en España, Cocó Ciëlo y Mario Telegram, en ese orden, o quizás a la inversa, que nos presentaban, una portada colorida y un título etéreo Un Amor Mató al Futuro. Altamente impresionado, fue que pregunté y quedé aún más sorprendido, cuando me enteré de que dichosos caballeros fueron las mentes creadoras de la impresionante Silvania [así como se lee, y es que más allá de la ensoñadora Trilce no había investigado] por lo que ipso facto y lleno de prejuicios no dudé en adquirir dicho disco. Una vez en casa, procedí a escucharlos. Me pareció música divertida, y a la vez inteligente, gélida pero altamente prendida. Techno bailable [así sea redundante] de laboriosa composición, con reminiscencias new wave, pero sin tener un sonido gothic. En conclusión, un sonido que, muy personalmente, se contradecía, y que a la vez confirmaba para mí, que se trataba ni más ni menos de “los creadores de Silvania”. Cuatro años más tarde, habiéndome enfrascado en otros sonidos y [lastimosamente] dejado de lado el sonido etéreo, y a la vez pop [podría seguir con más comparaciones contradictorias] que de manera tan extraña, pero a la vez, tan sorprendente lograban juntar Cocó y Mario, fue que me topé con Paraíso Vacío. Nuevamente de manera circunstancial, y es que estando en casa de un amigo, shoegazing como yo, y también sediento de bandas que justifiquen el deseo natural [de todos] por bailar; fue que me encontré con Ciëlo revisando el nuevo material, dizque shoegazing, que había traído de su último viaje a España, y al oírlos recordé [a la vez de contradecir mis prejuicios] que la música bailable y pop no tiene que ser de fácil elaboración, de fórmula ya hecha y conocida, y es que al escuchar a Ciëlo estás frente a una maqueta de difícil y abnegada producción, jamás encontrarás sonidos ni secuencias repetitivas, todas las canciones son una experiencia diferente, lo que no quita que el disco mantenga un estilo. Asimismo, siguen demostrando que un disco techno también puede ser notable, y que además, puede tener letras bien trabajadas ["Transformador", "Siempre Tan Lejos"], con la excepción del primer tema “Este Es Mi Avión” puesto que durante toda la canción sólo mencionan dos capitales europeas, Madrid y Berlín, pero su única referencia te da razón de que será lo que escucharás a continuación; es decir, hasta en eso se preocupan, el intro del disco, lo es en toda su expresión. Acto seguido, te someten a un tema techno minimal al más puro estilo Aviador Dro. Los temas melancólicos y oscuros [sin dejar de ser bailables] no quedan fuera, “M” y “Siempre Tan Lejos” son clara prueba de ello. Además, se dan tiempo para presentarnos un lindo poema División+Diferencia, y para quienes aún no asimilamos que los noventas terminaron, y que Silvania no volverá, nos obsequian un grato recuerdo “Jugando En Varsovia”. Sin dejar de lado, las reversiones que se hacen a temas de The Velvet Underground ["Stephanie Says"] y T-Rex ["Cosmic Dancer"] muy al estilo de esta notable banda que deja muy en claro odiar el término Electroclash [infidencia de fuente muy confiable]. En general, Ciëlo ha hecho un discazo altamente recomendable para una noche de sábado en casa, pudiendo haber salido con ella, pero que finalmente no ligó, y pues no habiendo perdido las esperanzas decides esperar hasta el otro fin de semana, gratamente acompañado con la inconfundible voz de Cocó y el enfermizo perfeccionismo de Mario por hacer del techno siempre imprevisible, y de su sonido una marca registrada.