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Conocía Ciëlo buscando a Ladytron y congéneres, allá por el 2003. Ávido del sonido techno/gothic/pop [llá¡mese Electroclash, y agréguese fashion], que me permitiera bailar sin parecer idiota, ni tampoco parroquiano del fenecido Bauhaus [es decir, de más de veinticinco]. Fue así que caí en cuenta de la existencia de dos peruanos que hacían música en España, Cocó Ciëlo y Mario Telegram, en ese orden, o quizás a la inversa, que nos presentaban, una portada colorida y un título etéreo Un Amor Mató al Futuro. Altamente impresionado, fue que pregunté y quedé aún más sorprendido, cuando me enteré de que dichosos caballeros fueron las mentes creadoras de la impresionante Silvania [así como se lee, y es que más allá de la ensoñadora Trilce no había investigado] por lo que ipso facto y lleno de prejuicios no dudé en adquirir dicho disco. Una vez en casa, procedí a escucharlos. Me pareció música divertida, y a la vez inteligente, gélida pero altamente prendida. Techno bailable [así sea redundante] de laboriosa composición, con reminiscencias new wave, pero sin tener un sonido gothic. En conclusión, un sonido que, muy personalmente, se contradecía, y que a la vez confirmaba para mí, que se trataba ni más ni menos de “los creadores de Silvania”. Cuatro años más tarde, habiéndome enfrascado en otros sonidos y [lastimosamente] dejado de lado el sonido etéreo, y a la vez pop [podría seguir con más comparaciones contradictorias] que de manera tan extraña, pero a la vez, tan sorprendente lograban juntar Cocó y Mario, fue que me topé con Paraíso Vacío. Nuevamente de manera circunstancial, y es que estando en casa de un amigo, shoegazing como yo, y también sediento de bandas que justifiquen el deseo natural [de todos] por bailar; fue que me encontré con Ciëlo revisando el nuevo material, dizque shoegazing, que había traído de su último viaje a España, y al oírlos recordé [a la vez de contradecir mis prejuicios] que la música bailable y pop no tiene que ser de fácil elaboración, de fórmula ya hecha y conocida, y es que al escuchar a Ciëlo estás frente a una maqueta de difícil y abnegada producción, jamás encontrarás sonidos ni secuencias repetitivas, todas las canciones son una experiencia diferente, lo que no quita que el disco mantenga un estilo. Asimismo, siguen demostrando que un disco techno también puede ser notable, y que además, puede tener letras bien trabajadas ["Transformador", "Siempre Tan Lejos"], con la excepción del primer tema “Este Es Mi Avión” puesto que durante toda la canción sólo mencionan dos capitales europeas, Madrid y Berlín, pero su única referencia te da razón de que será lo que escucharás a continuación; es decir, hasta en eso se preocupan, el intro del disco, lo es en toda su expresión. Acto seguido, te someten a un tema techno minimal al más puro estilo Aviador Dro. Los temas melancólicos y oscuros [sin dejar de ser bailables] no quedan fuera, “M” y “Siempre Tan Lejos” son clara prueba de ello. Además, se dan tiempo para presentarnos un lindo poema División+Diferencia, y para quienes aún no asimilamos que los noventas terminaron, y que Silvania no volverá, nos obsequian un grato recuerdo “Jugando En Varsovia”. Sin dejar de lado, las reversiones que se hacen a temas de The Velvet Underground ["Stephanie Says"] y T-Rex ["Cosmic Dancer"] muy al estilo de esta notable banda que deja muy en claro odiar el término Electroclash [infidencia de fuente muy confiable]. En general, Ciëlo ha hecho un discazo altamente recomendable para una noche de sábado en casa, pudiendo haber salido con ella, pero que finalmente no ligó, y pues no habiendo perdido las esperanzas decides esperar hasta el otro fin de semana, gratamente acompañado con la inconfundible voz de Cocó y el enfermizo perfeccionismo de Mario por hacer del techno siempre imprevisible, y de su sonido una marca registrada.
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