::2007_magia.blanca::
::p.j.harvey
::white.chalk
::island

Un ángel caÃdo agonizando. Una sirena con voz de soprano. Culpa y arrepentimiento, reproche y penitencia. Las distintas formas en cómo la vulnerabilidad de PJ Harvey se ha manifestado a lo largo de su trayectoria discográfica han sido generosas en matices, y para nosotros los fanáticos, eso es algo plausible. Sus tópicos recurrentes, amor, sexo y deseo, tuvieron siempre un tratamiento bastante explÃcito y descarnado, no obstante aquéllos no fueron los únicos en los cuales se explayó. Basta recordar el que hasta la fecha es considerado su disco más influyente, To Bring You My Love [1995], con el por esas épocas ubicuo Flood en perillas, quien aquà la vuelve a acompañar. Desde parricidio hasta la salvación divina. Lo que vino de su parte después de aquella gran placa, fueron temás menos universales y más Ãntimos, amén de distintas aproximaciones musicales, que aun asà crean empatÃa. Éste nuevo disco no es la excepción, sino la confirmación de que PJ gobierna en su propio universo. Tal vez lo único en común que exista entre aquellos 7 discos anteriores y White Chalk es que no queda duda ni de su genialidad ni de su sexualidad, y ella es la primera en dejar en claro que es consciente de que tiene que vivir pegada a una vagina. “Please don’t reproach me for how empty my life has become” es la primer lÃnea que se escucha, a capella, en “Broken Harp”, de casi 2 minutos. Es a partir de ahà que se entiende la textura que envuelve al disco [que dura un poquito más de media hora]. Cada canción es un acto de contrición, entonado por una PJ fantasmal [perfectamente reflejada en la portada], que ha aprendido a tocar el piano para expiar sus culpas, y que con un minimalismo acústico solemne [a lo mucho arpas y baterÃa con brushes] demanda tu respetuosa atención. El inicio con “The Devil” deja en claro lo mencionado, y sobre todo, es la voz de la británica la que predomina [dejádose sentir rotundamente en toda la placa]. Las ejecuciones de las teclas por otro lado son tan inocentes como efectivas para volver las canciones inquietantes y embrujadoras. Admiro esa capacidad que ha tenido para re-inventarse en cada placa y con esto, además, levantar el nivel luego de Uh-Huh Her [2004], su anterior disco. Y asà hayan quienes digan que no pues, ya no es la misma de antes, tienen razón en eso, pero no en el hecho de pensar que ella tuvo tiempos mejores. PJ Harvey está más Ãntima que nunca. Gracias por tan prÃstina sinceridad. Un blanco que brilla.
::the.piano












