::2007_¿y.tú.cómo.te.llamas?::

::travis
::the.boy.with.no.name
::independiente
3 años y un poquito más sin saber mucho de Travis, luego de 12 Memories [2004], nos enfrentamos a un nuevo parto del cuarteto escocés. Ahora sabemos que Fran Healy estuvo algo ocupado con su paternidad, y este críptico nombre de su 5to lp tiene relación al respecto: Healy y su esposa Nora no se decidían por un nombre para su hijo Clay [¡¿?!] y llegó a ser conocido con esta denominación. Con The Boy With No Name, estos 4 patas de Glasgow han sacado su PhD en una materia que valgan verdades, ya no se ve muy seguido: Edición de un álbum posible de ser disfrutado en su totalidad. Lo intrigante del asunto es darse cuenta de cómo lo logran: con lo mismo de siempre. Y es cierto, puesto que desde The Man Who [1999, no su debut, pero el que les dio luz verde a nivel mundial], el estilo de Travis ha permanecido invariable, y llegado a este punto, podemos afirmar entonces que han logrado algo que debe resaltarse: un sonido. Con todo lo bueno y malo que eso trae consigo. Las canciones rara vez duran más o menos de 4 minutos, sus melodías son agridulces, sus letras hablan del amor y sus penas, verso-coro-verso, y así. Y sin embargo, te capturan. Demás está decir que su matrimonio y posterior paternidad ha afectado rotundamente la vida de Healy, y esta experiencia queda claramente reflejada en el cd. Canciones como “My Eyes”, dedicada a su hijo cuando aún no nacía, o “Battleships”, acerca de una relación de 2 personas que se aman, pero que no pueden verse [me hablan], te pulverizan. No quiero usar el gastado adjetivo ‘madurez’, así que debería hablar de profundidad, y es esa introspección espiritual propia de personas que deciden apartarse de sí mismos para pensar y existir en otros se percibe aquí. La voz melancólica, marca registrada de Healy, es otro de sus sellos. El disco comienza, como ya lo hemos insinuado, sin novedades en el frente, “3 Times And You Lose” y “Selfish Jean” pueden resultar intercambiables con cualquier de sus otras 4 placas. Pero es con “Closer” y “Big Chair” que llegan inmediatamente después que este disco despega, y de verdad te asombra cómo esta banda, exprimiendo las posibilidades ya harto usadas en el planeta Pop [la batería de Neil Primrose no es nada del otro jueves, pero anda a ver cómo suena diferente en cada canción], se las ingenia para elaborar 11 temas [y un bonus track] para el aplauso. Osadía que se completa produciéndose ellos mismos el disco. Enhorabuena por un nombre bien ganado en la música de nuestros días. Cada disco de Travis debe ser reconocido como lo que es: un perfecto ejercicio pop, y no un intento de cambiar el rumbo del planeta [o la música, para lo que nos incumbe]. No se lo pides a Camera Obscura, ¿por qué a ellos sí?












