::2007_a.la.mierda.lo.demás::

::manic.street.preachers
::send.away.the.tigers
::columbia
Tu banda favorita de los noventas haciendo un disco que suena a tu banda favorita de todos los tiempos. Si alguien me hubiera descrito así a Send Away The Tigers, me habría resultado difícil de creer. Pero definitivamente, obtener dicho disco se hubiera convertido en una obligación impostergable [habida cuenta de haber saboreado -y posteado- 2 adelantos por demás suculentos]. Por varios motivos, este disco iba a ser importantísimo para su trayectoria: porque ya pasaron 10 años desde Everything Must Go, su primer disco luego de la desaparición de su pata del alma Richey Edwards, fundador de la banda; porque es su primer disco como banda luego de sus [disparejas] aventuras solistas; pero por sobre todas las conclusiones apresuradas que podamos sacar, hay una más importante, y es que este disco puede ser el último de la banda, y de darse el caso, tenía que reflejarlos en la mejor de sus formas, como mínimo. Pues bien, ¿lo están? Voy a decir que sí. Send Away The Tigers, octavo lanzamiento de los Manic Street Preachers, no es un disco concepto ni nada parecido [lo cual no quita que, según Nicky Wire, existe alguna teoría de peso detrás de él]. Son 38 minutos de un pop rugiente, clá¡sico, con la vehemencia de antaño, que demuestra claramente cómo aquel pasado, que parecía que en algún momento les estaba pasando factura, ahora les ha enseñado a grabar un gran disco, con todas sus letras. Eso no es más que una experiencia liberadora. Y placentera a la vez, puesto que no cabe duda que se han divertido grabando cada minuto. Luego están esas sinfonías rock a lo Queen. Conmovido como lo estoy, y falto de toda objetividad [que valgan verdades, jamás he querido demostrar intencionalmente desde que escribo aquí], puedo afirmar que si alguna banda podría rendir homenaje a la banda de Freddie, asimilando su sonido al propio, tenían que ser estos 3 galeses, desde los acaparadores coros operáticos hasta los contundentes solos brianmayescos: “Winterlovers” es el mejor cierre de álbum que han parido a lo largo de su discografía. Arena rock as its best. Desde esta tribuna virtual, solo me queda celebrar una cosa: que Send Away The Tigers revela una banda que ha recordado qué significa ser un Manic Street Preachers. And nothing else matters. Suficiente para comenzar la semana [o cualquier día] de la mejor manera posible. Paz.












