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The High Llamas - Can Cladders

Todo el mundo quiere ser Brian Wilson. De un tiempo a esta parte, la reivindicación del Beach Boy ha convertido a muchos en sus devotos incondicionales. Desde los más genuinos y conspicuos seguidores y fieles tributarios musicales, hasta los más advenedizos y oportunistas [ninguno de los cuales citaré por flojera]. Sean O’Hagan no es Wilson, pero quiere serlo. Su pop de cámara, trabajado y dinámico, por demás meticuloso, es un ejercicio de paridad con el venerado compositor del Pet Sounds. Lo que hace que ahora, con Can Cladders, The High Llamas simplemente exageren más de la cuenta. Sin embargo, esto puede entusiasmar a los conspicuos seguidores de esta banda londinense, puesto que no son pocos los que los consideran una banda infravalorada [a pesar de sus 15 años en la ruta y sus 8 discos en sus espaldas]. Can Cladders es generosa en su propuesta pop [si es de los 60's mejor] con añadidos de bossa, lo suficiente como para aludir al que es el otro ídolo de O’Hagan, Burt Bacharach. Priman las orquestaciones melódicas, rimbombantes acompañamientos para arreglos que decoran canciones de verso-coro-verso. Sin escatimar en el uso de instrumentos [violines, arpas, sintes], sin mostrar pudor al usar coros femeninos al estilo girl-group de antaño, sin miedo de espantar a la audiencia por pasar del soft rock al folk. “The Old Spring Town” es el primer tema del disco, y tal vez el mejor. Y ahí está condensado todo el espíritu del álbum. Un pop barroco, con sugerentes líneas de teclado que te recuerdan demasiado a algo que ya hizo Stereolab [aunque O'Hagan colaboró con ellos, así que no debería sorprender], toques de música brasilera, Jorgé Ben o Milton Nascimento, no sé, todo eso y más. El disco está armado como una historia dividida en 3 partes [entre ellas se encuentran 2 instrumentales cortísimos, "Boing Backwards" y "Something About Paper"], que sirven como pausa en el relato sobre la jazzista Dorothy Ashby, quien tocaba el arpa, allá en la Inglaterra rural [a los cuales hay que agregar un tercer instrumental, que cierra el disco, a la manera de créditos finales, llamado "Summer Seen"]. Es en la última parte, durante los 4 últimos temas que la influencia Beach Boy es más que evidente. El problema con The High Llamas [es decir, mi problema] es que por buscar la preciosidad per se en sus canciones olvidaron insuflarle algún otro tipo de virtud o sentimiento que finalmente lo vuelva más atractivo. Ser perfeccionista a veces puede ser un defecto.

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