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Electrelane - No Shouts. No Calls

¿Cómo habrá sido de niña Verity Susman? ¿Qué juguetes le habrán gustado? ¿Cómo habrán sido sus amiguitos? ¿Qué sabor de helado le habrá gustado? ¿Qué comidas habrá detestado? Todo eso me intriga respecto a ella. Pero, más que nada, lo que quiero saber es cómo, dónde y cuándo aprendió a cantar así. Su cántico, su peculiar tono de voz, su tono afectado, histriónico, emotivo y místico, ha convertido al cuarteto de Brighton en las heroínas indies de la islas británicas. No Shouts, No Calls, 4to disco ya, es definitivamente una enmienda en la plana, luego de un incierto Axes [2005]. Aquél significó un bajón en las expectativas de sus fanáticos. Para quienes no volvimos a ser los mismos luego de The Power Out [2004], su gran segundo disco, pues hay buenas nuevas con este nuevo lanzamiento. Electrelane regresa por sus fueros, y se superan a ellas mismas. En efecto, si hay algo que se nota de vuelta es la frescura, que a mi juicio se perdió en su anterior disco, lo que hace que te conectes instantáneamente con sus canciones. Aquel fraseo entre monótono y fingido de Susman sigue siendo vital para que te enganches a su onda, con una clara apropiación del estilo Stereolab en tal sentido, y sus letra abordan temas de amor y desengaño de manera cruda y lastimera, con nulo optimismo. Valgan verdades, aún no sé por cuál canción decidirme como la absoluta ganadora, y aún así, celebro lo parejo que es el disco, all killers, no fillers. Finlamente, si tuviera que decidirme, si me apuras, si me apuntas con un arma en la sien, le dejo la gloria a “Between The Wolf And The Dog” y su cimbreante estructura. Una guitarra nerviosa que va edificando un ir y venir tenso de riffs y uuh’s y aah’s. Aunque es definitivamente en los temas cortos y directos donde las 4 chicas salen ganando. Su base rítmica se encuentra en perfecto nivel y el aporte de los teclados es definitivamente encomiable, añadiendo texturas densas a los tracks donde participa, sobresaliendo especialmente en el instrumental “Five” [qué bueno que sigan con esa saludable costumbre], la krautrockera “Tram 21″, y sobre todo, el deslumbrante cierre que es “The Lighthouse”, 20/20. Es tal vez la única girl band vigente que prefiero. Su art-pop inveterado, todo un trademark, será escuchado y aplaudido hoy y dentro de 10 años, ya verás [no opino lo mismo de esta portada]. Electrelane me ha convencido de que, junto a ellas, esta vida sin The Organ podrá ser más llevadera. Yeeeeh.

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Björk - Volta

Debe significar algo: cada vez que me voy a acostar, veo en la esquina de mi mesa de noche una copia del Homogenic, aquel disco que presté de un pata para ripear y poder escucharlo en mi pc. Hasta ahora lo hago… Hoy, con el disco todavía ahí en aquella esquina, sin ser sometido al láser de mi dvd rom, me animé a sacar una apresurada conclusión: aquél debe ser el último gran disco de Björk. Y en realidad, no creo que eso desmerezca lo gran artista que es la veterana islandesa, dado que su puesta en vivo sigue siendo de las mejores que existen en este planeta hoy por hoy. El viernes actuó en Coachella, cerrando la primera fecha, y no decepcionó: Siempre ágil, siempre alegre, siempre inquieta, siempre dando la nota correcta con su insuperable rango vocal, siempre deslumbrando con su vestuario y maquillaje en escena [le gusta disfrazarse, que lo digan todas y cada una de sus portadas y videos], siempre coqueta [escuchar esos "Grrrracias" después de cada canción, u oírla decir "it's grrrreat to be herrrrre with yu in the desserrrr" te pone inquieto, varón]. Y como no podía ser de otra forma, presentó temas de este esperadísimo 7mo disco, que ha titulado Volta. Ataviada de una túnica a la usanza africana, secundada por un copioso coro femenino a la Polyphonic Spree [muy similar a lo que se le vio en su presentación en SNL, con batas largas colorinches], saltarina y dispuesta, regaló una presentación contagiante y entusiasta. Se dejaron escuchar “Earth Intruders” e “Innocence”, los singles del disco [el primero es el track que abre este cd], y por supuesto muchos temas más. ¿Cuál es mi conclusión ahora? Que Björk nunca te aburrirá, pero que conectarte con ella a la primera siempre será un desafío. Y es que si hay algo que a mí siempre me ha generado algún tipo de dificultad respecto a su obra son aquellos temas lentos que suele interpretar la chata. “Vertebrae By Vertebrae” y “Pneumonia” son ahora los tracks que me ponen en entredicho. Su voz los hace merecedores de toda la atención, pero es en el aspecto sónico en donde radica el impasse, sobre todo en el segundo de ellos, en donde predominan los instrumentos de viento a lo largo del track casi como instrumentos exclusivos [incluso, en lo que yo considero una mala jugada de producción, estos 2 temas van juntos]. Cuando ella apela a una mayor dinámica, todos salimos ganando: “Hope”, justo el track que les sigue, esta vez construyendo una melodía basada en beats y una arpa, levanta nuevamente el disco [además de contener alguna línea por demás polémica por ahí: "What's the lesser of two evils? / If a suicide bomber made to look pregnant manages to kill her target or not"]. “Declare Independence” es perfecta para los motines: beats marciales, y una arenga propicia: “Declare Independence / Don’t let them do that to you / Raise your flag!“. La influencia afro, en general, es notoria [más aún en los singles mencionados, aquellos coros son delatores], y por lo visto en su presentación en el desierto californiano, le cae de perilla. Este disco [al menos sus números más animados] es perfecto para ser tocado en vivo, el ámbito ideal para que se pase de revoluciones. Me imagino que no faltará quienes digan que Vespertine es un gran disco, mejor que el Homogenic, e incluso, mejor que éste. Y deben tener razón. Y de ser así, pues habrá algo que será indiscutible: mientras Björk siga haciendo lo que le venga en gana, no importa cuántos Voltas más saque. Björk es impactante cuando se desborda. Por eso mismo, deseamos que nunca nunca nunca deje de tocar en vivo. Ahí sí mejor vuelvo a poner mis discos de Sugarcubes, jeje.

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Cowboy Junkies - At The End Of Paths Taken

Cuando leí eso de “La banda que puso a Canadá en el mapa“, refiriéndose a Arcade Fire, me di cuenta que debe ser frustrante ser Cowboy Junkies. 20 años después de su formación, At The End Of Paths Taken encuentra a la familia Timmins, Margo my love en voces, Michael en la guitarra y Peter en la batería, junto a Alan Anton, celebrando su disco #13, nada menos, pero con los medios mirando a cualquier parte de Montreal, menos donde residen ellos. Lo suyo nunca fue el exorcizar sus miedos y frustraciones en vivo, ni cantar lo que motiva sus emociones a viva piel, nada de eso. La oscuridad que podría caracterizar a los Junkies, se vale de una puesta de escena flemática y discos sosegados, parcos y acogedores. Visto así, la banda de Wim Butler, siempre impactante y desbordada, tenía todos los tickets comprados para ganarse aquel mote otorgada por la prensa especializada [gracioso ese adjetivo]. Entonces, ¿qué es lo que nos ha venido ofreciendo el cuarteto de Toronto todo este tiempo? Pues, podríamos hablar de un sonido distintivo ya a estas alturas de su trayectoria. Y eso, te diré, es satisfactorio. Nunca te engañan, y hasta podrías sorprenderte en cada nuevo entrega. Acá hay espacio para ambos aspectos. Llega a sonar diferente, pero también mantiene ese sabor familiar tan Junkie que es incomparable. La familia, el amor, la vida y la muerte, como en otros episodios de su discografía, sigue siendo su temática lírica. Michael, quien escribe todo, no tiene miedo en mostrarse tan sentimental como siempre, para que la voz encantadora de Margo, tan elegante como su nombre y su porte, se deslice por tus oídos, una caricia delicada que hasta ahora no pierde atractivo. Es ella quien aporta esa cuota de oscuridad que matizan todos los temas de la banda, pero sin dejar de tener ese ánimo optimista que hace que finalmente no quedes hundido en la tristeza. Temas como “My Only Guarantee” y su advertencia “I will fuck you up” es uno de los tracks descatables del álbum. “Mountain”, tal vez lo mejor del disco [y la canción más larga también, 7:09], está recitada por su viejo, John A. Timmins, quien lee un extracto de su libro I Don’t Know Where I Am But I’m Making Good Time, y es ahí cuando lo comprendes: cuando una banda logra algo que se llama “tradición”, es difícil que se desligue de ella, mucho menos sus seguidores. Su peculiar forma de hacer catársis aquí es bien recibida. Cowboy Junkies celebran 20 años con un disco que para ti te puede sonar exactamente igual al primero. Pero no, es simplemente un parar un momento, ver cuánto se ha avanzado, y seguir adelante. Y con ellos, seguir avanzando. A caminar no más.

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The High Llamas - Can Cladders

Todo el mundo quiere ser Brian Wilson. De un tiempo a esta parte, la reivindicación del Beach Boy ha convertido a muchos en sus devotos incondicionales. Desde los más genuinos y conspicuos seguidores y fieles tributarios musicales, hasta los más advenedizos y oportunistas [ninguno de los cuales citaré por flojera]. Sean O’Hagan no es Wilson, pero quiere serlo. Su pop de cámara, trabajado y dinámico, por demás meticuloso, es un ejercicio de paridad con el venerado compositor del Pet Sounds. Lo que hace que ahora, con Can Cladders, The High Llamas simplemente exageren más de la cuenta. Sin embargo, esto puede entusiasmar a los conspicuos seguidores de esta banda londinense, puesto que no son pocos los que los consideran una banda infravalorada [a pesar de sus 15 años en la ruta y sus 8 discos en sus espaldas]. Can Cladders es generosa en su propuesta pop [si es de los 60's mejor] con añadidos de bossa, lo suficiente como para aludir al que es el otro ídolo de O’Hagan, Burt Bacharach. Priman las orquestaciones melódicas, rimbombantes acompañamientos para arreglos que decoran canciones de verso-coro-verso. Sin escatimar en el uso de instrumentos [violines, arpas, sintes], sin mostrar pudor al usar coros femeninos al estilo girl-group de antaño, sin miedo de espantar a la audiencia por pasar del soft rock al folk. “The Old Spring Town” es el primer tema del disco, y tal vez el mejor. Y ahí está condensado todo el espíritu del álbum. Un pop barroco, con sugerentes líneas de teclado que te recuerdan demasiado a algo que ya hizo Stereolab [aunque O'Hagan colaboró con ellos, así que no debería sorprender], toques de música brasilera, Jorgé Ben o Milton Nascimento, no sé, todo eso y más. El disco está armado como una historia dividida en 3 partes [entre ellas se encuentran 2 instrumentales cortísimos, "Boing Backwards" y "Something About Paper"], que sirven como pausa en el relato sobre la jazzista Dorothy Ashby, quien tocaba el arpa, allá en la Inglaterra rural [a los cuales hay que agregar un tercer instrumental, que cierra el disco, a la manera de créditos finales, llamado "Summer Seen"]. Es en la última parte, durante los 4 últimos temas que la influencia Beach Boy es más que evidente. El problema con The High Llamas [es decir, mi problema] es que por buscar la preciosidad per se en sus canciones olvidaron insuflarle algún otro tipo de virtud o sentimiento que finalmente lo vuelva más atractivo. Ser perfeccionista a veces puede ser un defecto.

Coachella set times: ¿a quién nos perdemos?

Finalmente se han dado a conocer los set times para los 3 días que durará el festival de Coachella, del 27 al 29 de los corrientes. O sea, ¡ya ya!

AT&T Coachella webcast


AT&T realizará el webcast para los 3 días
. Así que hay cobertura garantizada, aunque eso sí, no podremos escoger qué artistas queremos ver, por lo que debemos de confiar en su buen gusto.

Ya lo sabes: ¡¡Prohibido salir de tu cuarto este fin de semana!!

Malkmus tiene su disco listo… casi.

Según la info que soltó Pitchfork, la cual es recogida desde la página web del gurú del indie rock, Stephen Malkmus ya tiene listo dos tercios de su próximo disco. Lógicamente, saldrá vía Matador.

Stephen Malkmus

Textualmente dice: “Basic trax for album committed to tape. 67.4685% completed. Looks to be done sometime in Late June“.

67.4685 de 100 son 2/3, ¿verdad?

Aparentemente Matador, tras darle una buena escuchada [dicen que será un discazo] quiere posponer su lanzamiento para principios del 2008. Carambas, ¡cómo nos quieren hacer esperar!

Para saciar algo tu impaciencia, en este link encuentras algunas fotos de las sesiones de grabación.

::2007_despertar.esperado::

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Bill Callahan - Woke On A Whaleheart

We got in the river, and it groped us, made us think of sex between us“. A priori, juzgando por sus letras, si no fuera porque este disco está firmado por su nombre de civil, Bill Callahan tranquilamente podría haber hecho pasar este Woke On A Whaleheart como un disco más de Smog. Grabado por el ex-Royal Trux / Pussy Galore, Neil Michael Hagerty, este debut solista, a despecho de su ignoto productor, es poseedor de un caos controlado, muy bien guiado. La proverbial verborrea del buen Bill es llevada con cierto charm, que vuelve a sus composiciones temas pop que deben ser escuchados atentamente para entender bien de qué nos está hablando. Musicalmente, que es donde se nota un cierto distanciamiento, Callahan ha querido impregnarle un tinte newyorkino que bebe bastante de la obra de Lou Reed [y por ahí de Luna], aunque tal vez esto no haya sido del todo deliberado y más bien algo fortuito, con él no se sabe. Dicho esto, no sabría si agregar que cada una de las 9 canciones del álbum están abiertas a la más libre interpretación que podamos darles. Lo cierto es que son un muestrario prístino de lo que recorre y carcome el espíritu y la mente de Callahan. En cuanto al sonido per se, pues es innegable el toque country, cierto aire dance hall, y por supuesto, una vibra folk, que junto al canto de Bill, monocorde, repetitivo, discursivo, lo que ya es casi como hablar de una marca registrada, pues lo vuelve distintivo, y al final todo suena coherente: “Day” es tan hipnótica como disparatada, pero suena muy bien. A pesar de que en su conjunto se note un sonido por demás tradicional y conservador [ya parece política esto], temas como “Sycamore”, con su perfecta guitarra luminosa, te alegrarán el día. A River Ain’t Too Much To Love [2005], lo último que nos presentó Callahan como Smog, era poseedor de un sonido reducido a su mínima expresión, a veces solo él y su guitarra, y las más tristes canciones que podías escuchar en su momento. Con Woke OF A Whaleheart eso parece haber terminado. Su sonido está más claro [dando cierta impresión de optimismo, rarísimo], y los volúmenes han aumentado, pero sin forzar ruidos o disonancias inútiles. ¿Decepcionado? Nah, no tanto. Solo en la medida que tal vez esperábamos una prolongación de su ¿ex? banda en esta aventura solista. Por lo demás, parece que Bill Callahan sigue tan estoico como siempre lo conocimos. Algo peor que sentirse mal por uno mismo, Bill, es que otros lo sientan por ti. Menos mal este disco no da para tanto, menos mal.

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La Habitación Roja - Cuando Ya No Quede Nada

Generalmente, cuando te recomiendan una banda, siempre aquel ser humano que lo hace, actúa con una actitud tan pontífica, que te sientes mal por no haberlo hecho hasta ese momento. Ese “TIENES que escucharlo” se vuelve tan agresivo que la curiosidad inicial se torna en un sentimiento de culpa que te carcome. Ya hace varios años que un muy buen amigo acometió contra mí con esa expresión, y luego de ese malestar inicial que acabo de describir, al someterme a las canciones del cuarteto valenciano, pues le agradezco su recomendación. Confieso no haber comenzado desde el inicio de su discografía, sino con Un Mundo Perdido [2004] con el que digamos comenzaban una nueva etapa en su trayecto musical, lo que me hizo regresar en el tiempo con sus discos previos para ver qué me estaba perdiendo. Cuando Ya No Quede Nada es la 7ma aventura de La Habitación Roja, y números aparte, vuelven a salir muy bien parados. Sin intentar querer renovar a estas alturas de su vida el pop español [no lo hicieron antes, ¿por qué comenzar ahora?] su propuesta melódica tiene un muy buen manejo en las guitarras [grabaron en el estudio de Steve Albini] y vaya que ha cuajado muy bien finalmente. ¿Qué nos traen ahora estos muchachones? Potencia rockera. “Paris Ardiendo” y “La Vida Moderna” tienen un comienzo muy similar, con ritmo ágil, aunque repitiendo ciertos esquemas que te puede llevar a dudar del resto, pero todo se compone, menos mal. Exceptuando por “Tened Piedad Del Expresidente”, acelerado tema en clave de ¿defensa? a ¿Aznar?, la primera mitad del disco pasa sin muchas sorpresas [que no quiere decir que no hayan buenos temas aquí], con la justa salvedad de “Esta No Será Otra Canción De Amor”, una canción de amor [duh!] cuya letra pone las cosas en su lugar. Es a partir de “Hoy” que el disco demuestra todo lo bueno que estos españoles tienen para ofrecernos, sobre todo esa potente batería de Jose Marco, tocada como si de cada golpe de tambor dependiera su vida. “Posidonia” es otro track sobresaliente, cuyo teclado cautivador adereza un tema de texturas más bien opacas. Cierra el disco el tema autotitulado, de extensos 7 minutos, dueño de un final tan vibrante como impensado. No me parece que La Habitación Roja tenga que demostrarle algo a alguien. No cuando sacas un disco tan parejo. A veces cuando piensas que no tienes nada que demostrar, es cuando más muestras de ti. A que sí.

¡Feliz Día, viejo!

Un regalo para mi viejo en su cumple:




El gran Héctor Lavoe en la Feria del Hogar. Inolvidable. Feliz día, viejo.

Is The End Of The World As We Know It

En el Día de la Tierra, y 15 años después de su edición, recordemos un disco que en vez de prevenir el Apocalipsis, lo celebraba. And we felt fine.

::ministry
::psalm.69_the.way.to.succeed.and.the.way.to.suck.eggs.[aka.ΚΕΦΑΛΗΞΘ]
::sire.records

Ministry - Psalm 69

Psalm 69 es, haciendo una analogía antropológica, el eslabón perdido entre Slayer y Aphex Twin. Para graficarlo mejor, si alguna vez alguna huelga, o mejor aún, alguna revolución necesitó un soundtrack, Psalm 69 debe sonar claro y fuerte en los altoparlantes de turno. Un menú condensado de drum machines, bajos dobles, sampleos miles y hartos gritos. Furia desbocada, caos organizado y una descarga maniática de decibeles de la cual beberían actos posteriores que se hicieran de un nombre con mucho más ruido que nueces [Nine Inch Nails es la cabeza de todo aquel iceberg llamado "metal industrial"].

El mérito de Al Jourgensen [cubano él, mira tú] y sus patas [en realidad, Paul Barker me parece que es el único sobreviviente de aquellas sesiones hasta hoy] fue agregarle guitarras rugientes al EBM, añadirle teclados, scratches y demás artilugios programados en consolas a la actitud/sonido punk rock que ejecutaban. Y por sobre todo eso, fueron las ganas de crear algo nuevo mandando a la mismísima mierda a todo lo que se conocía en ese momento en todo nivel, artístico, cultural, y también el personal. Teniendo en cuenta que los inicios de Ministry como banda son despreciados hasta hoy por el mismo Jourgensen [considera a su debut With Sympathy del '83 "un aborto", y anima públicamente a la gente a que roben de las tiendas sus primeros discos], se entiende que el cambio en sonido y actitud tuvo que ser radical [confesión de parte: tengo el Twitch del '86, y déjame decirte: es otra cosa... es techno con... no sé...]

El contexto lírico sigue siendo la opresión dominante y la ruina del status quo. La búsqueda de un New World Order. Denuncias contra la hipocresía moral [que atañe directamente a la religión organizada; "Scarecrow" alude directamente a Jesucristo, si no me equivoco], la corrupción política, la pareja perfecta brutalidad militar-patriotismo exacerbado, la drogadicción, y todo lo que el régimen de Bush papá alimentaba en el espíritu del malogrado Al. Cosa que se mantiene hasta el día de hoy en todos los discos que ha sacado, siendo el último Rio Grande Blood, el año pasado, todo un comeback que ha sido mejor recibido que los anteriores [aprovechando la coyuntura que ahora el otro Bush, hijo, le sirve en bandeja]. Aun así, la estela de los discos post-Psalm 69 también es menospreciada. Es cierto que las cotas alcanzadas por éste son superlativas, pero en vista del landmark que significó para la época, tal vez se le exigía demasiada a una banda que prácticamente lo dio todo en esa placa [demoraron 4 años para sacar su siguiente disco, Filth Pig]. La agresividad con la que el disco te golpea solo es comparable al choque de un comete en la superficie terrestre. 9 tracks, ¡¡solo 9!!, de una fuerza natural sobrehumana que no deja sobrevivientes. Una máquina que mata con música. Ministry la inventó. All hail.

Ahora que vas a botar tus discos de Rammstein a la basura para hacerle espacio a éste [y de paso aprovecha para agregar sus bandas paralelas: Revolting Cocks y Lard entre tantas otras], recuerda algo: la televisión no siempre fue a color y el Messenger nació en 1999. Y la locura, por favor, siempre existió. Muchos años antes de Google. ¿Te imaginas eso?

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