¿¿Cumpliré 59 años??
Es más… ¿¿por lo menos llegaré a los 45??
Con mis 27 no tan bien llevados, no me preocupa en lo absoluto, valgan verdades. Y tengo días en que ni siquiera me creo mi edad. En parte porque muchas cosas aún me parecen que las percibo con tal impacto que no necesito retrotraerme a tal o cual tiempo pretérito en mis años.
Por eso, Queen no es un recuerdo vívido de esos “good-old days“, no. Es ya una realidad imperecedera desde hace mucho. Es la emoción constante cada vez que escucho sus melodías donde sea [desde polladas hasta mi discman]. Es una lágrima por las noches o una sensación de éxtasis caminando por alguna calle de esta gris Lima.
Mi fanatismo fue tardío. Como cuando recién te enganchas a un sitcom el cual esperas cada semana, y luego te enteras que se acaba la siguiente temporada. Enganchado cada miércoles a Radio Miraflores, programa de una hora, a las 7 de la noche. Cada semana bajando a galerías, cada semana un nuevo álbum, una rareza, un video, una camiseta que calme el hambre. Ahora respiro tranquilo, sé que es perenne. La Reina vive, y tiene para largo.
Una noche de 1991 escuchaba que Freddie Mercury moría a los 45 años.
Claro, como si no supiera desde un principio que ya tenía el pasaje comprado a la inmortalidad.





















1 Response to “Una Vida en la Corte”
Who's linking?
"[...] sexuales. Con Release The Stars, Rufus Wainwright termina por convertirse definitivamente en mi Freddie Mercury del siglo 21. Tan ..."